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martes, 30 de diciembre de 2008

Materiales impresos sobre cómo ha ido aumentando las percepciones de los investigadores en la literatura precolombina

De los materiales impresos menciono en orden cronológico para ver cómo ha ido aumentando las percepciones de los investigadores.
En 1964, en el libro La literatura de los aztecas, Ángel M. Garibay nos introduce a esta recopilación:
[…] La penetración y conquista que culminó el 13 de agosto de 1521 fue en pueblos de habla nahua. Los más cultos y organizadas, bajo la dominación del señorío de Tenochtitlán y sus aliados, que con nombre ya divulgado suele llamarse Imperio Azteca. Los que ya hablaban esa lengua la impusieron a los pueblos sometidos como lengua de dominación y comercio. Fue de esta manera una lengua de gran difusión y en la práctica comprendida por los pueblos de diferentes idiomas. La unidad de lengua facilitó la penetración hispana en todos los pueblos dominados. Esta lengua tiene por nombre náhuatl.
No bien cesó el fragor de las armas, los misioneros y los hombres cultos que fueron llegando a esta tierra iniciaron la investigación acerca de aquella cultura en todos sus aspectos. Y como encontraron abundante cantidad de textos en la lengua nativa, que fueron aprendiendo ellos, tuvieron la preocupación de rescatarlos de la memoria y salvarlos del naufragio por parte del alfabeto. […]
Ya en 1528 se redacta y escribe por indios la primera de las recopilaciones históricas. […] La intención de quien da a luz estas publicaciones es que en el continente nuestro se despierte y avive el sentido de la herencia de los pueblos que antes de nosotros pisaron los caminos y vieron la luz de nuestros soles mexicanos. […] México, octubre de 1963.
La parte que me interesa de éste libro son los apartados de Discursos educativos y la Muestra de sagas históricas, que a mi parecer lanzan luces de la parte social. En discursos educativos, Garibay habla del uso de la memoria para la preservación de discursos educativos que se otorgaban a los jóvenes en el Calmécac:
La carencia de alfabeto impidió a los antiguos mexicanos dejar por escrito la doctrina que regía su vida y sus costumbres. La falta misma de escritura fonética fue un gran incentivo para el desarrollo de la memoria. Se redactaron y transmitieron de memoria muchos discursos y arengas oratorias que se enseñaban a los más dispuestos de los jóvenes en sus planteles de educación especialmente el Calmécac, que podemos asimilar a nuestra serie de institutos de formación superior.

Incluyo un fragmento de un discurso del libro: “Amonestación del padre al hijo como preámbulo”. De esta manera, podemos darnos cuenta de que el discurso es una parte importante en la cultura náhuatl, no sólo porque habla de su vida social sino por la belleza en sus composiciones.
Hijo mío, joya mía, mi rico plumaje de quetzal:
Has llegado a la vida, has nacido, te ha hecho venir al mundo el creador y dueño.
Te creó, te forjó, te hizo nacer aquel por quien todo vive.
Y vieron tu rostro y tu cabeza tus madres, tus padres, tus tíos y tías y tus parientes. Fijaron su mirada en tu semblante y en tu cerviz. Y lloraron y se emocionaron por causa tuya, porque has llegado a la vida, porque has nacido en la tierra […]
En cuanto a la muestra de sagas históricas, esto es lo que dice Garibay:
La historia se conservaba en escritos figurativos, en que se anotaba el día, el mes, el año y el hecho. Pero había un gran auxiliar de la historia, el más vivo, que era la voz de los narradores. Hecho nada extraño si tenemos en cuenta la forma de transmisión de la Ilíada o la Odisea. […]
Nos muestra adelante “la caída de Tula” un ejemplo de la conservación histórica.
En el año 2-casa ya hubo contiendas entre ellos. Ya riñen y se enemistan por la obra del dicho Huémac.
Apenas vieron al niño los toltecas, lo tomaron a su cargo. Lo criaron y lo educaron, y en verdad que resultó un don de Tezcatlipoca, el dios enemigo. Era una artimaña suya para que se dispersaran, para que hicieran contiendas toltecas y chichimecas.
Cuando llega a ser joven, Huémac manda que los de Nonoalco vengan a hacer servicio en su casa
Ellos luego le dijeron:-Señor, estamos aquí: dispón lo que te convenga. Y así, comienzan su oficio […]
A continuación doy un salto enorme, con una justificación. El libro anterior es 1964, el que tenía a mano era 1982 pero del mismo autor Garibay. Supuse que no habría muchos cambios en la forma de pensar de un autor. Tal vez me equivoque, y estoy consciente de que hay más documentos de 1964 a 1983 pero los que voy nombrando son los que han atraído mi atención. El que quiero presentar ahora es Literatura oral tradicional de los indígenas de México.
Éste libro llamó mi atención por haber sido realizado con motivo del Coloquio sobre los problemas de la traducción literaria.
[…] Los relatos tradicionales tienen como característica el ser anónimos, ya que se desconoce su autor y más bien deben ser concebidos como creaciones colectivas, que se transmiten de generación en generación, mediante mecanismos no institucionalizados, o sea, a través de la tradición oral. Asimismo estas narraciones se encuentran siempre ambientadas en el contexto del grupo donde se relatan. […] Y expresan el sentir de cada grupo: algunos relatos llevan dentro de su trama enseñanzas de diversos tipos, convirtiéndose en transmisoras de ideas morales; otras ponen de relevancia ideas míticas y religiosas que tratan sobre creencias ancestrales o tradicionales de grupo, o bien explican los fenómenos de la naturaleza y el por qué de las cosas. Para los investigadores es importante que sean transcritos tal y como son narrados, con objeto de poder analizar a forma y el estilo de los mismos, para lo que es necesario recurrir a la grabación o bien al dictado frase por frase.
Relatos cosmogónicos y mitológicos.
Se refieren a la creación del mundo, a las actividades y características de los dioses y a los seres que son dueños de la naturaleza. Algunas narraciones sobre el mismo tema son:
1.- “Nuxi’, trampeador de topos” (lacandones de Chiapas)
2.- “Los dueños de la tierra” (mazatecos de Oaxaca)
3.- “La formación del Sol y la Luna” (mazateco-popolaca de Oaxaca)
Con este libro llego a uno de los investigadores de mayor prestigio por su amplio trabajo y dedicación a la cultura náhuatl; me estoy refiriendo al Doctor Miguel León-Portilla. Tomo su libro Literaturas de Mesoamérica (1984).
[…] ¿Habían sido los mexicas los creadores del sistema educativo y de la escritura de sus códices? Esta pregunta es obvia, ya que como se dijo arriba el mundo mexica, el rostro más conocido del México antiguo, llevaba relativamente poco tiempo de ser amo y señor entre los pueblos prehispánicos. De hecho los mexicas habían llegado al Valle de México tan solo a mediados del siglo XIII d.C. En 1325 se habían establecido en la isla de México-Tenochtitlan. Hasta 1428 no habían obtenido su independencia de los antiguos dominadores tepanecas de Azcapotzalco.Finalmente en menos de un siglo habían logrado la hegemonía en la región central y meridional de lo que hoy es la República Mexicana.
La respuesta a la pregunta nos la dan la arqueología y las propias fuentes históricas indígenas. Los mexicas y al igual que ellos, muchos otros pueblos de lengua náhuatl, eran herederos de una cultura mucho más antigua. Buena parte de sus ideas religiosas, de su organización social y política y de sus otras instituciones, en particular de sus artes plásticas, de sus métodos de enseñanza las habían recibido, principalmente a través de los culhuacanos, de la antigua cultura tolteca.
Aquí finalizo con un investigador reciente, Patrick Johansson 1993 en La palabra de los aztecas y La palabra, la imagen y el manuscrito 2004.

La palabra, la imagen y el manuscrito 2004.
El discurso indígena a partir del cual se recopilaron las fuentes que sirvieron para escribir la historia de los pueblos mesoamericanos no buscaba generalmente referir al acontecimiento pretérito en la objetividad “histórica” se su manifestación, sino que producía un sentimiento afín a las necesidades cognitivas de dichos pueblos. […] Con la conquista militar y espiritual de México las historias fueron desprendidas de las circunstancias particulares que les conferían un sentido e integradas a un contexto gráfico donde quedaron almacenadas para el uso “diagnóstico del intérprete español.
Un relato indígena de inspiración precolombina, contenido potencialmente en la memoria de los tlamtinime, se expresaba oralmente mediante una enunciación espectacular, en la que se entretejían textos, sonidos, colores, ritmos, compases dancísticos, jeroglíficos indumentarios y otros elementos suprasegmentales que constituían con el registro verbal, el texto manifiesto de dicho relato. […] La memoria era, para la sociedad indígena, el factor principal de coherencia cultural. La oralidad náhuatl, que acompañaba en contrapunto discursivo su existencia colectiva, tenía una función primordial, la función poética por excelencia: la mitificación de lo vivido. La acción de la memoria implica incesantes tensiones entre el tlamatini, el cuicanitl o el tlahcuilo encargados de la retención de textos, y el entorno socio-religioso que se manifiesta a través de las relaciones de grupo. Después de la conquista, los indígenas están sometidos, desde todo punto de vista, al vencedor y no pueden reaccionar, al menos abiertamente, a la enunciación de los textos.
La palabra de los aztecas 1993
VI Los campos expresivos de la palabra náhuatl
En el marco social observamos una propensión deliberada a canalizar una “energía expresiva” originalmente dionisiaca y por lo tanto des-tructurante, hacia los causes del refuerzo socio-existencial.
Los géneros expresivos establecidos según la dinámica vectorial de los ejes divergentes de la esencia y existencia son percibidos de manera menos radical en una perspectiva social que tiene determinismos específicos y que crea sus propios lazos relacionantes.

Obras citadas.
Garibay, Ángel. La literatura de los aztecas. México, 1964.
Portilla, Miguel. Literaturas de Mesoamérica. México: SEP, 1984
Scheffler, Lilian. Literatura oral tradicional de los indígenas de México. México: Premia Editora. 1983
Johansson, Patrick. La palabra de los aztecas. México: Linterna mágica, (reimp. 2007)
Johansson, Patrick. La palabra la imagen y el manuscrito: Lecturas indígenas de un texto pictórico en el siglo XVI. México: UNAM. 2007

jueves, 4 de diciembre de 2008

Proyecto final

Proyecto Mexico Culto

Proyecto final: Presentación

Proyecto1
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Carta Athenagórica (fragmento)

Carta de la Madre Juana Inés de la Cruz, religiosa del convento de San Jerónimo de la ciudad de Méjico, en que hace juicio de un sermón del Mandato que predicó el Reverendísimo P. Antonio de Vieyra, de la CompaÒía de Jesús, en el Colegio de Lisboa.

Muy Señor Mío: De las bachillerías de una conversación, que en la merced que V. md. me hace pasaron plaza de vivezas, nació en V. md. el deseo de ver por escrito algunos discursos que allí hice de repente sobre los sermones de un excelente orador, alabando algunas veces sus fundamentos, otras disintiendo, y siempre admirándome de su sinigual ingenio, que aun sobresale más en lo segundo que en lo primero, porque sobre sólidas basas no es tanto de admirar la hermosura de una fábrica, como la de la que sobre flacos fundamentos se ostenta lucida, cuales son algunas de las proposiciones de este sutilísimo talento, que es tal su suavidad, su viveza y energía, que al mismo que disiente, enamora con la belleza de la oración, suspende con la dulzura y hechiza con la gracia, y eleva, admira y encanta con el todo.

De esto hablamos, y V. md. gustó (como ya dije) ver esto escrito; y porque conozca que le obedezco en lo más difícil, no sólo de parte del entendimiento en asunto tan arduo como notar proposiciones de tan gran sujeto, sino de parte de mi genio, repugnante a todo lo que parece impugnar a nadie, lo hago; aunque modificado este inconveniente, en que así de lo uno como de lo otro, será V. md. solo el testigo, en quien la propia autoridad de su precepto honestará los errores de mi obediencia, que a otros ojos pareciera desproporcionada soberbia, y más cayendo en sexo tan desacreditado en materia de letras con la común acepción de todo el mundo.

Y para que V. md. vea cuán purificado va de toda pasión mi sentir, propongo tres razones que en este insigne varón concurren de especial amor y reverencia mía. La primera es el cordialísimo y filial cariÒo a su Sagrada Religión, de quien, en el afecto, no soy menos hija que dicho sujeto. La segunda, la grande afición que este admirable pasmo de los ingenios me ha siempre debido, en tanto grado que suelo decir (y lo siento así), que si Dios me diera a escoger talentos, no eligiera otro que el suyo. La tercera, el que a su generosa nación tengo oculta simpatía. Que juntas a la general de no tener espíritu de contradicción sobraban para callar (como lo hiciera a no tener contrario precepto); pero no bastarán a que el entendimiento humano, potencia libre y que asiente o disiente necesario a lo que juzga ser o no ser verdad, se rinda por lisonjear el comedimiento de la voluntad.

En cuya suposición, digo que esto no es replicar, sino referir simplemente mi sentir; y éste, tan ajeno de creer de sí lo que del suyo pensó dicho orador diciendo que nadie le adelantaría (proposición en que habló más su nación, que su profesión y entendimiento), que desde luego llevo pensado y creído que cualquiera adelantará mis discursos con infinitos grados.

Y no puedo dejar de decir que a éste, que parece atrevimiento, abrió él mismo camino, y holló él primero las intactas sendas, dejando no sólo ejemplificadas, pero fáciles las menores osadías, a vista de su mayor arrojo. Pues si sintió vigor en su pluma para adelantar en uno de sus sermones (que será solo el asunto de este papel) tres plumas, sobre doctas, canonizadas, øqué mucho que haya quien intente adelantar la suya, no ya canonizada, aunque tan docta? Si hay un Tulio moderno que se atreva a adelantar a un Augustino, a un Tomás y a un Crisóstomo, øqué mucho que haya quien ose responder a este Tulio? Si hay quien ose combatir en el ingenio con tres más que hombres, øqué mucho es que haya quien haga cara a uno, aunque tan grande hombre? Y más si se acompaÒa y ampara de aquellos tres gigantes, pues mi asunto es defender las razones de los tres Santos Padres. Mal dije. Mi asunto es defenderme con las razones de los tres Santos Padres. (Ahora creo que acerté.)


Gómez, Ermilo. Cuatro siglos de literatura mexicana. México: Leyenda. 1946

Detente Sombra / Sor Juana Inés de la Cruz

DETENTE SOMBRA

Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.

Howland, Sergio. Historia de la literatura mexicana: Con algunas notas sobre literatura de Hispanoamérica. México: Trillas. 1961 P. 65

Nueva España: Representantes

Arias de Villalobos (n, 1568)
Su obra principal es la Obediencia que México...dio a D. Felipe IV... con un discurso en verso (1623)

Carlos de Sigüenza y Gongora (1645-1700)
Salvó diversos códices y libros durante el incendio del Ayuntamiento en 1692. Entre sus obras encontramos a Relación de los infortunios de Alonso Ramírez, Triunfo Parténico.

Sor Juana Inés de la Cruz (n, 1648)
Sus obras más famosas son Inundación Castálida, Carta Athenagórica, Crisis de un sermón, Respuesta a Sor Filotea de la Cruz

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Nueva España: Marco Social

Siglo XVI
El hecho de la conquista de México está limitado por dos fechas: 1519 y 1521. Entre ellas ocurren acontecimientos fundamentales, históricamente, que serán las base para la creación de un nuevo mundo una Nueva España, y el arranque de una literatura también nueva, en lengua española, testimonio humano de lo que fue en sí misma la aventura de la Conquista. Los hombres que la realizaron vivían bajo el signo del Renacimiento, lo que se refiere al inaplazable impulso de acción que los encamino por terrenos desconocidos en la geografía, en el arte o en la concepción astronómica y filosófica del mundo. El espíritu renacentista devuelve al hombre su confianza en sus propias aptitudes, fortalece su individualidad y lo lanza a extraordinarias hazañas que prolonguen su vida terrena en obras inmortales que lo mantengan vivo al paso del tiempo.

Millan, María del Carmen. Literatura Mexicana: con notas de literatura hispanoamericana y antología. Mexico, Esfinge. 1963 P 29.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Los bandidos de río frío / Manuel Payno

Capítulo XVIII (fragmento)



[...] Evaristo, envuelto en su jorongo, con el sombrero machucado, sin la toquilla, las patillas greñudas y en la cara verdugones sanguíneos, entró vacilando; con algún trabajo pasó el umbral, y sombrío, temible, temible, sin hablar una palabra, se dejó caer en un sillón de terciopelo carmesí que olía a incienso y a iglesia y que le había dado a componer el abad de Guadalupe. Juan se refugió en un rincón y Tules se quedó como estatua delante del brasero. La manteca se quemó e hizo una llamarada; el líquido rebasó la cazuela y apagó la lumbre. La cena, preparada con tanto trabajo, estaba perdida; nueva congoja de Tules. ¿Qué daría a su marido si la pedía? Pero no hubo necesidad. Evaristo, vuelto de esa especie de insomnio producido por el alcoholismo, recobró al parecer un vigor extraño. Tiró el jorongo y el sombrero, se limpió la cara con las manos y se compuso las patillas.
Evaristo venía humillado de su derrota, pero rabioso, no sabiendo con quién sacar su venganza

Payno, Manuel. Los Bandidos de Río Frío. México: Sepan Cuantos, Editorial Porrúa. 1995, p. 93.

La Santa (fragmento) / Federico Gamboa

Aquí es, —dijo el cochero deteniendo de golpe a los caballos, que sacudieron la cabeza hostigados por lo brusco del movimiento.

.....La mujer asomó la cara, miró a un lado y otro de la portezuela, y como si dudase o no reconociese el lugar, preguntó admirada:

..... — ¡Aquí!... ¿en dónde?...

.....El cochero, contemplándola canallamente desde el pescante, apuntó con el látigo tendido:

..... — Allí, al fondo, aquella puerta cerrada.

.....La mujer saltó del carruaje, del que extrajo un lío de mezquino tamaño; metióse la mano en el bolsillo de su enagua y le alargó un duro al auriga:

..... — Cóbrese usted.

.....Muy lentamente y sin dejar de mirarla, el cochero se puso en pie, sacó diversas monedas del pantalón, que recontó luego en el techo del vehículo, y por último, le devolvió su peso:

..... — No me alcanza; me pagará usted otra vez, cuando me necesite por la tarde. Soy del sitio de San Juan de Letrán, número 317 y bandera colorada. Sólo dígame usted cómo se llama...

..... — Me llamo Santa, pero cóbrese usted; no sé si me quedaré en esa casa... Guarde usted todo el peso, -exclamó después de breve reflexión, ansiosa de terminar el incidente.

.....Y sin aguardar más, echóse a andar, de prisa, inclinado el rostro, medio oculto el cuerpo todo bajo el pañolón que algo se le resbalaba de los hombros; cual si la apenara encontrarse allí a tales horas, con tanta luz y tanta gente que de seguro la observaba, que de fijo sabía lo que ella iba a hacer. Casi sin darse cuenta exacta de que a su derecha quedaba un jardín anémico y descuidado, ni de que a su izquierda había una fonda de dudoso aspecto y mala catadura, siguió adelante, hasta llamar en la puerta cerrada. Sí advirtió, confusamente, algo que semejaba césped raquítico y roído a trechos; arbustos enanos y uno que otro tronco de árbol; sí le llegó un tufo a comida y a aguardiente, rumor de charlas y de risas de hombres; aun le pareció, —pero no quiso cerciorarse deteniéndose o volviendo el rostro— que varios de ellos se agrupaban en el vano de una de las puertas, que sin recato la contemplaban y proferían apreciaciones en alta y destemplada voz, acerca de sus andares y modales. Toda aturdida, desfogóse con el aldabón y llamó distintas veces, con tres golpes en cada vez.

.....La verdad es que nadie, fuera de los ociosos parroquianos del fonducho, paró mientes en ella; sobre que el barrio, con ser barrio galante y muy poco tolerable por las noches, de día trabaja, y duro, ganándose el sustento con igual decoro que cualquiera otro de los de la ciudad.


Gamboa,Federico. Santa. México: Fontamara. 1994.

Realismo: Representantes

Los novelistas sobresalientes de la escuela de México son:

Emilio Rabasa (1856-1930) Nació en Ocozocoautla, Chiapas. Entre 1887-1888 apareció la serie de Novelas mexicanas, suscritas con el seudónimo SANCHO POLO, y en 1891 La guerra de tres años. La bola, La gran ciencia, El cuarto poder, y Moneda falsa, forman una sola obra en la cual el autor se significa como el primer novelista realista de indiscutible valor.

Rafael Delgado (1853-1894) Nació en Córdoba, Veracruz. A pesar de los intentos en el género dramático, la poesía, la crítica y la literatura preceptiva, Delgado debe su reputación literaria a su obra narrativa. Escribió cuatro novelas: La Calandria (1890), Angelina (1893), Los parientes ricos (1901-1902), e Historia vulgar.

Ángel de Campo (1868-1908) Nació en la ciudad de México. Colaboró en la Revista azul, El Nacional, y en El Imparcial donde aparecen sus famosas Semanas alegres.

José López Portillo (1850-1923)Escribió obras de carácter jurídico, filosófico, político, histórico y religioso. Cultivó la poesía, el cuento, la novela, el drama, la crítica literaria y el periodismo, pero fama descansa en su obra novelesca y en sus relatos. Su novela más preciada es La parcela (1898)


Federico Gamboa (1864-1939) Nació en la ciudad de México. Como dramaturgo, además de sus traducciones de obras francesas, escribió La última campaña y La venganza de la gleba, entre otras.

Bustamante, Howland. Antología literaria de autores mexicanos.Mexico:Trillas 1970

Realismo: Marco Social-Geográfico

Los años en que se cultiva la novela realista en México (1880-1910)coinciden con el gobierno de Porfirio Díaz, con la influencia de la corriente filosófica del Positivismo y con el Modernismo de la poesía.
La novela realista debe reflejar la realidad con la objetividad e indiferencia de un espejoy la observación directa debe completarse con la documentación. Tanto la novela francesa como la española influyen en las producciones hispanoamericanas que se escriben después de 1880.
Aunque se halla tomado la realidad como base de las novelas costumbristas de principios de siglo --de Lizardi en adelante--, en las novelas realistas varía el propósito. El principal en este caso es llegar al conocimiento de las causas y soluciones de los problemas que estudia. Estos pueden ser de muy diversa índole: de carácter social, político o científico.
Millan, María del Carmen. Literatura mexicana (Con notas de literatura hispanoamericana y antología). México: Esfinge. 1963 P.211-214

Nocturno a Rosario/Manuel Acuña

Pues bien, yo necesito
decirte que te adoro,
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto,
y al grito que te imploro
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.
De noche cuando pongo
mis sienes en la almohada,
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho
y al fin de la jornada
las formas de mi madre
se pierden en la nada,
y tú de nuevo vuelves
en mi alma a aparecer.
Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos;
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás;
y te amo, y en mis locos
y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos
te quiero mucho más.
A veces pienso en darte
mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos
y huir de esta pasión;
mas si es en vano todo
y mi alma no te olvida,
¡qué quieres tú que yo haga
pedazo de mi vida;
qué quieres tú que yo haga
con este corazón!
Y luego que ya estaba?
concluido el santuario,
la lámpara encendida
tu velo en el altar,
el sol de la mañana
detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos
la puerta del hogar...
Yo quiero que tú sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas
las esperanzas mías;
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías
que ya no sé ni dónde
se alzaba el porvenir.
¡Que hermoso hubiera sido
vivir bajo aquel techo.
los dos unidos siempre
y amándonos los dos;
tú siempre enamorada,
yo siempre satisfecho,
los dos, un alma sola,
los dos, un solo pecho,
y en medio de nosotros
mi madre como un Díos!
¡Figúrate qué hermosas
las horas de la vida!
¡Qué dulce y bello el viaje
por una tierra así!
Y yo soñaba en eso,
mi santa prometida,
y al delirar en eso
con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno
por ti, no más por ti.
Bien sabe Díos que ése era
mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza,
mi dicha y mi placer;
¡bien sabe Díos que en nada
cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho
en el hogar risueño
que me envolvió en sus besos
cuando me vio nacer!
Esa era mi esperanza...
mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,
¡adiós por la última vez,
amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores,
mi mira de poeta,
mi juventud, adiós!

Millan, María del Carmen. Literatura mexicana (Con notas de literatura hispanoamericana y antología). México: Esfinge. 1963 P.140-145

La inmortalidad (a Manuel Payno)

LA INMORTALIDAD
(A Manuel Payno)

La flor encantadora y delicada
que sobre esbelto tallo se mecía,
la vio ufana la luz de un solo día,
luego desapareció.
De ese arbusto marchito y derribado,
ayer tal vez hermoso y floreciente,
hoy arranca sus hojas el ambiente
que ufano le halagó.

Y al alto muro y orgullosa torre,
que sola en el espacio alzó la frente,
en silencio, del tiempo la corriente
del mundo arrancó ya.
¿Por qué, por qué insolente, hombre mezquino,
más débil que el arbusto y que la planta,
en vuelo audaz soberbio te levanta
la estéril vanidad?

De1 tiempo rapidísimo las alas,
sobre nubes de imperios se extendieron,
y se apartó la sombra, ¿ do estuvieron
imperios y poder?
Hombre: ¿cómo te entregas a hondo sueño,
de la playa en la vida recostado.
si al más ligero viento, el mar alzado
tu cuerpo ha de envolver?

Y la frágil hojilla del arbusto,
cuando mugen terríficos los vientos,
al caer en los marea turbulentos
mas impresión harán
que el golpe de cien mil generaciones,
por la mano del tiempo derribadas,
en las dulces y quietas oleadas
de la ancha eternidad.

Un solo grano de la limpia arena
enturbia mas el férvido torrente,
que esparcido del tiempo en la corriente
del hombre el lodo vil.
Héroe, monarca, arranca de tu labio
el grito del orgullo que horroriza;
es igual tu ceniza a la ceniza
del pastor infeliz.

Mas si destruye el tiempo de igual modo
la frágil cuna, el lecho vacilante
del anciano, y el solio de diamante
do está la juventud;
y si del crimen el puñal sangriento
se rompe en los sepulcros igualmente
que la diadema nítida y fulgente
do está la virtud.

Si a esta por siempre la mostró llorando,
y a la maldad triunfante y denodada,
al tocar en los bordes de la nada
la antorcha del saber;
¿qué importa que feroces me amenacen,
ni que lancen gemidos los humanos,
si yo arranco ruiseñor de sus manos
la copa del placer?

Esto dije mil veces, y encontraba
inútil la razón, la vida yerta;
y estéril, oscurísima, desierta
del hombre la mansión.
Y yo me aborrecí cuando veía
a mi existencia entre tiniebla adusta,
y no pude adorar la mano injusta
del que llamaban Dios.

Y burlé a los que ilusos distinguían
sobre el sol, dominando el firmamento,
el vasto solio y el sublime asiento
de un genio de bondad.
Yo allí con rabia distinguí un tirano,
que quiso sobre el mundo levantarse,
para ver sin estorbo aniquilarse
la triste humanidad.
En mi delirio horrísono exclamaba:
si eres padre clemente y Dios piadoso,
si es del hombre tormento doloroso
dudar su porvenir;
si a un solo movimiento de tu labio;
puede rasgarse del misterio el velo,
y hallar escrito en el inmenso cielo
su destino infeliz;

¿por qué te regocija nuestro llanto?
¿Esa noble, tu augusta Providencia,
al mortal le concede la existencia
solo para el dolor?
Mas si de lo futuro la ignorancia
que renace en la tierra tu quisiste,
¿para qué la razón me concediste,
incomprensible Dios?

Hacia el caos diriges 1a mirada;
nace el sol, vive el mundo, brota el viento;
el vasto mar refleja un firmamento
bañado con su luz.
Y frívolo concedes el imperio
del orbe que tu nombre diviniza,
a un ente vil que al toque pulveriza
del débil ataúd?

Anhelaba mi mente hasta el letargo
de desesperación, y jamás calma;
y siempre, siempre destrozada mi alma
por inquietud tenaz.
El horror de la muerte me oprimía,
el susurro del aura me aterraba,
y a contemplar la tumba me arrastraba
la dudosa ansiedad.

El horror expresando la mirada,
torpe el paso, débil el aliento,
temblando con el frío del tormento
al sepulcro llegué.
Una fuerza violenta, irresistible,
me hizo inclinar al fondo la cabeza;
y gemí de terror, y con presteza
loe párpados cerré.

En mi quebranto pronuncié convulso
de Dios el nombre, y súbito retumba,
y cruje, y se abre la terrible tumba
con estruendo fatal.
pero una luz vivísima, inefable,
le da paso a mi atónita mirada;
Y mi razón encuéntrase abrumada
en gozo celestial.

Con júbilo indefinible
miré que bañó mi frente
la luz pura, indeficiente,
de la grande eternidad
Vi al mortal ennoblecido
sobre el trono del Eterno,
y de un Dios sublime, tierno,
la esplendente majestad.

No el Dios fiero, vengativo,
que teme y no adora el mundo,
que creen que grita iracundo
con la tempestad atroz;

Y que devasta los campos
en las alas del torrente,
publicando el rayo ardiente
su omnipotencia feroz.

Cual de luciérnaga el brillo
en la claridad del día,
junto de Dios se perdía
nuestro refulgente sol.
Salud, Hacedor Supremo:
salud, Padre de la vida,
como el alma enternecida
ora entona tu loor.

Cuando en la tierra infeliz
vi la virtud desdichada,
pobre, envilecida, atada,
del crimen negro al poder;
no pensaba en que tu mano
la inocencia galardona,
que de gloria la corona
colocas sobre su sien.

Ni creí que la tormenta
que envanece y alucina,
en ondulación mezquina
en el dilatado mar.

Sordo al bramar la tormenta
ciego al contemplar el cielo,
te cubrí ¡oh Dios! con el velo
de la lóbrega impiedad.
Busqué criminal entonces,
de angustia el alma agobiada,
entre el polvo de la nada
el lecho de la quietud.

Las pasiones me arrastraron;
no hay Dios, mis labios decían,
y mis ojos se ofendían
de eternidad con la luz.

Si hubiera visto irrompibles
de amor los queridos lazos,
durmiendo al hijo en los brazos
del afecto maternal;
te hubiera amado, Dios mío,
y tolerado mi suerte,
mis ojos viendo a la muerte
sin el llanto del pesar.
Sólo una gota de sangre,
o una lágrima inocente,
del alma del delincuente
nunca se logra borrar;
pues la incorpora la muerte,
la lumbre de Dios la aclara,
y la aura copa acibara
de aquel placer celestial.

Pero ni al hombre insolente
que con su labio blasfemo
te ha injuriado, Ser Supremo,
en este mundo infeliz,
niegas tu bondad augusta;
el no la soporta, gime
con el aspecto sublime
de una eternidad feliz.

Aura blanda, dulces flores,
bastos campos, lindo cielo,
y un indecible consuelo
que disipaba el dolor;
yo disfruté alborozado,
tornó el regocijo a mi alma,
y una deliciosa calma
ocupó mi corazón.

Millares de vastos mundos
giran, Señor, a tus plantas,
que sostienes y que encantas
con tu sublime bondad;
Entre los cuales se pierden
nuestro mundo y nuestro orgullo,
cual de tórtola el arrullo
cuando muge el huracán.
Mortal, mortal atrevido,
¿te dará la impiedad, necio,
siquiera el odio, el desprecio
de ese Omnipotente Dios?
Piensas al lanzar blasfemias
en tu honda mansión, perjuro,
que haces retemblar el muro
del alcázar del Criador?

¿Cómo penetrar pretendes,
contenido por ti mismo,
en el insondable abismo
de nuestro lóbrego ser?
¿Quién es el hombre, responde,
que así reclama insolente
ser émulo y confidente
del que prodiga el saber?

Huyóse la ficción, y el alma mía,
cuando la ofusca del dolor el velo,
recuerda. con purísimo consuelo
este dulce momento de alegría:

tal vez, tal vez momento de delirio
que ama mi corazón ardientemente,
y que cuando se aleje de mi mente
acaso en mi alma arraigará el martirio.
Pero ¡oh Dios de bondad! por él te adoro,
y por él , si me amaga el triste duelo,
grito: Soy inmortal: contemplo el cielo,
y recobro vigor y enjugo el lloro.

Guillermo Prieto.
Poesía de Guillermo Prieto. .

Romanticismo: Representantes

La academia de Letran-> En una de las celdas del antiguo colegio de Letrán, José María y Juan Nepomuceno Lacunza, Manuel Tosiat Ferrer y Guillermo Prieto establecen una academia, urgidos por la necesidad de estímulo en sus trabajos, de crítica reciproca y de mayores luces.

Fernando Calderón (1809-1845) Nació en Guadalajara, y poemas como El soldado de la libertad, y El sueño del tirano,debieron su popularidad a la inconformidad que el poeta expresaba contra las arbitrariedades del gobierno de Santa Anna y encontraba eco en el sentir popular.

Guillermo Prieto (1818-1897)´Nació en México, como prosista es de gran interés su crónica Memorias de mis tiempos (1828-1853)y la selección de Los lunes de Fidel aparecidos originalmete en el siglo XIX. Su novela Musa Callejera refleja lo más fructífero del nacionalismo de Prieto.

Manuel Acuña (1849-1873) Nació en Saltillo, Coahuila. De sus mejores composiciones está Hojas secas, el Nocturno refleja el sentimiento de Acuña por Rosario de la Peña

Millan, María del Carmen. Literatura mexicana (Con notas de literatura hispanoamericana y antología). México: Esfinge. 1963 P.140-145

Romanticismo-Marco Social-Geográfico

El panorama de México independiente no puede entenderse al margen de la política. El aspecto cultural del siglo XIX, profundamente señalado por las luchas ideológicas y por la urgencia de llegar a la afirmación nacional y al triunfo de la libertad, se identifica con el romanticismo en tono y en espíritu.
El Romanticismo, llegado a México a tráves de España y Francia, se presenta al principio, como reacción contra el neoclasicismo, que ponía una rígida interpretación de las normas de la cultura grecolatina.
El romanticismo, en contraposición, exagera el valor de lo individual y procalama la libertad en todos sus aspectos. El romanticismo es el triunfo del sentimiento sobre la razón. El romántico busca la soledad. Su insatisfacción lo lleva a evadirse en el tiempo y en el espacio, y su melancolía, a preferir lo nocturno y lo sepulcral.
Dentro de la literatura mexicana lo que mejor parte de la producción romántica se concentra en el ensayo político y la arenga revolucionaria.

Millan, María del Carmen. Literatura mexicana (con notas de literatura hispanoamericana y antología). México: Esfinge , 1963. P.135-137

sábado, 29 de noviembre de 2008

modernismo

Inicia con la aprición del libro azul de Rubén Darío en 1888, siendo la primera aportación hispanoamericana para la literatura universal. Esta corriente "Acepta lo mismo elementos antiguos que modernos y se alimenta de todas las tendencias literarias que predominaron en Francia en el siglo XIX[...]En el modernismo se conjugan parnasianismo, simbolismo, realismo, naturalismo, impresionismo y romanticismo, con una base considerable de clasicismo español."
El modernismo busca la renovación de la literatura, teniendo como limite la vulgaridad de la expresión o las formas caducas y retoricas. Su caracteristica principal es el refinamiento verbal.
El modernista trata de salir de los convencionalismos en las imagenes, el sentimentalismo exagerado y la vulgaridad. Quiere encontrar originalidad en las metaforas, imagenes y el uso de adjetivos.



Millan, María del Carmen. Literatura mexicana (con notas de literatura hispanoamericana y antología). México: Esfinge , 1963. P.233

domingo, 23 de noviembre de 2008

Lo fantástico en dos libros de Elena Garro // CLASE

ESTRATEGIA DE BÚSQUEDA.

En búsqueda avanzada ingrese "realismo" and "México" (jul-dic 2000): p111-122



Calderón Bird, Raúl. "Lo fantástico en dos libros de Elena Garro." Signos literarios y lingüísticos

Tema Géneros literarios
Narrativa
Corrientes literarias
Palabra Clave Garro, Elena
Narrativa
México
Literatura fantástica
Realismo mágico

viernes, 7 de noviembre de 2008

Literatura mexicana

Aquella literatura limitada a las obras de México

Sainz, F. (1982) Diccionario de la Literatura: Términos, Conceptos. Editorial Gráficas ema

miércoles, 29 de octubre de 2008

Alberto Chimal/Autor de Estos son los días, La imaginación ataca las ideas impuestas por la realidad

Entrevista que realiza Eve Gil al escritor mexicano Alberto Chimal:

Eve Gil.- ¿Por qué en tus cuentos involucras a personajes, simples en apariencia, en circunstancias fantásticas?
Alberto Chimal.- La idea de semejante enfrentamiento me interesa, pues tiene que ver con las "situaciones límite", en las que casi toda persona llega a estar al menos una o dos veces antes de la muerte: esos momentos en los que la estabilidad real o aparente de la existencia se rompe, porque nos damos cuenta de que nuestras ideas sobre el mundo son insuficientes para comprenderlo o conciliar cuanto es posible en él. No tiene que haber nada "sobrenatural" ni obvio en estos descubrimientos.
En la narrativa se pueden ver lo mismo en "William Wilson" y otros cuentos de Poe que en Lolita de Nabokov; lo mismo en instantes tremendos, como el último renglón de "El inmortal" de Borges, que a lo largo de cientos de páginas, como en El asesino ciego de Margaret Atwood.
E.G.- Nadie había mostrado la relación entre un escritor comercial y mediocre, como el protagonista de "Los personajes", con sus creaturas plastificadas y deformadas por su carencia de esencia humana. ¿Es este cuento una crítica velada a los exitosos autores de pésimos libros?
A.Ch.- Sí hay en el cuento mucho de lo que pienso del best-seller en tanto fórmula mercantil: del libro hecho por encargo, digamos, pero el sentido del texto sería el mismo si el escritor no fuera un intelectual light, sino cualquier otro tipo de narrador que se ha abandonado, que se ha vuelto acomodaticio. Aunque en algún momento él piensa que decidió "sentar cabeza" con los best-sellers, diversos periodos de su carrera entre los que se mencionan distan de haber sido "alta literatura": se supone que dedicó bastante tiempo a hacer plagios, por ejemplo, y también a escribir en "subgéneros" de moda.
La intención del texto es mostrar, más bien, que cuando por fin hizo algo que tuvo cierto éxito se quedó allí, se negó a seguir experimentando y prefirió continuar con aquello que "le salía". Los personajes no le van a reclamar que escriba mal o que sea un mercenario, sino que los dejó incompletos: no se comprometió con ellos.
E.G.- En "Madre ballena y el pescador" abordas un conflicto similar: el protagonista. Empujado por lo parece un destino inexorable, piensa "en los seres que pueblan las historias, y que forzados por ellas van, sin poder opinar ni resistirse, a la vida y a la muerte".
A.Ch.- Habitualmente pensamos en dos extremos de la relación entre un narrador y sus personajes, y en general con todos los aspectos del texto: el de seguir rígidamente un plan preestablecido y el de abandonarse por entero a "lo que vaya saliendo".
Para mí, la mejor forma de abordar un proyecto, la más rica, es tener un plan pero estar atento a lo que va trayendo el azar, a los encuentros fortuitos, a todo lo que no puede estar de ningún modo prefijado y que, sin embargo, puede incorporarse en el diseño previo y enriquecerlo.
A la hora de completar el armado de este libro tuvo lugar un proceso similar al que te describo, pero a una escala mayor porque me propuse no sólo decidir un orden para las historias, sino además hacer que los textos se hablasen entre ellos.
Por ejemplo, "Madre ballena" está inspirado en un cuento tradicional peruano como los que se podrían contar en la Nueva Cascadén, que es una población imaginaria del Perú que aparece en "Camas de Horacio Kustos"; a su vez, otras de las secciones de esa supuesta "novela de viajes" tienen referencias veladas que las conectan con otros textos...
Todo es un juego, por supuesto, como se indica en el epílogo: ciertas referencias ocultas pueden interesar o sorprender a los lectores que molesten en buscarlas.
E.G.- En "El tesoro" retomas el cuento del rey Midas, pero si bien tu relato rescata la esencia hasta cierto punto terrorífica de los cuentos de hadas, nos hablas asimismo de una situación muy contemporánea como lo es no ajustarse a los cánones convencionales. ¿De qué manera los cuentos de hadas te influyen como escritor?
A.Ch.- Los cuentos de hadas, y diversas tradiciones que influyeron en ellos, son influencias que tuve desde la infancia por una serie de hallazgos afortunados: libros que no sé aún cómo llegaron a mi casa pero que me fascinaron. Varios de ellos siguen conmigo.
Lo que me gusta de los cuentos de hadas es su poder, digamos, simbólico: aun en las versiones más simplificadas pueden vislumbrarse implicaciones muy profundas de todos los hechos y todos los personajes, que se comunican con enorme simplicidad y a veces ni siquiera se perciben de manera consciente.
En muchos de los cuentos del libro (aunque no en todos; "Shanté", por ejemplo, es una historia que parte de un ambiente absolutamente realista) deseaba crear implicaciones semejantes.
E.G.- Borges hablaba de libros imaginarios; tú, como Calvino, lo haces de ciudades imaginarias. ¿Qué significan estos dos autores para ti?
A.Ch.- Borges es un modelo de imaginación, de curiosidad, de sutileza, de libertad... El primer cuento que leí de él es "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", y no lo olvidaré jamás porque cambió por entero mi forma de entender la lectura y la escritura. Tal vez sea que lo leí en la época precisa para que me influyera de forma decisiva.
Calvino es un autor que llegó después, y que en realidad no frecuento tanto, pero Las ciudades invisibles es un libro muy importante para mí. Al mismo tiempo se puede leer como una relación muy antigua y como una metáfora del presente: ese carácter atemporal me parece envidiable, y los dos libros de cuentos anteriores, Gente del mundo y El país de los hablistas, intentan deliberadamente producir el mismo efecto. Otro autor que me importa mucho es Lewis Carroll, por su mirada sobre la infancia y la audacia de sus ficciones.

Referencia
Gil, E.(2004, agosto 29).Alberto Chimal/Autor de Estos son los días, La imaginación ataca las ideas impuestas por la realidad. siempre!. Retrieved 29,2008, from infourmex diariamente.

Escritoras mexicanas de hoy

La literatura mexicana reciente no sólo despliega una variedad y una vitalidad más que alentadoras, también una participación femenina que viene a transformar la historia cultural de nuestras letras.
A medida que nos acercamos al fin de siglo y contemplamos en retrospectiva la literatura mexicana de los últimos cien años, nos sorprende el volumen y la variedad de escritos y escritores.
Un aspecto descollante de esa actividad es la presencia de un número significativo de mujeres escritoras. Digamos de entrada que las mujeres escritoras no son ni una novedad ni una aberración. Han existido a lo largo de todo el siglo y desde antes, pero su número y prominencia nunca fueron tan manifiestos como en las cuatro últimas décadas.
A la pregunta hipotética de ¿que sucede hoy en la literatura mexicana escrita por mujeres?, hay respuestas muy diversas. Las escritoras activas son tantas que no resulta difícil recitar un catálogo de nombres, prueba de que lo extraordinario se ha vuelto ordinario. Seis de las autoras que ejemplifican la amplia gama del discurso femenino contemporáneo nacieron en los cuarentas y cincuentas: Brianda Domecq (1942), María Luisa Puga (1944), Silvia Molina (1946), Angeles Mastrella (1949), Laura Esquivel (1950) y Carmen Boullosa (1954). Son tan similares y diferentes entre ellas como cualesquiera otras seis que se hubiera seleccionado. Precisamente esas similaridades y diferencias las convierten en representativas de las escritoras mexicanas de hoy.

Beer, G.(1994, julio 1).Escritoras mexicanas de hoy.Nexos, 199. Retrieved october 29,2008, from infourmex diariamente.